Mi casa (y un poquico de historia)
Martes, 28 de febrero de 2006El cuarto desde donde escribo es grande, con amplias ventanas que dan a un parque pequeño y bastante tranquilo. El piso donde vivo tiene tres habitaciones, una pequeña cocina y un cuarto de baño que compartimos Yui, Zhang Hui y yo. Me gusta mucho donde vivo. Es soleado y acogedor.
El piso forma parte de un gran edificio que fue construido por el gobierno en los años 70, continuando una política de creación de viviendas sociales que se inició en este país a finales del siglo diecinueve. Aunque existen lamentables casos, creo que ha prevalecido en la construcción de viviendas protegidas en el Reino Unido en un cierto criterio integrador y una intención de evitar la creación de guetos. Es fácil encontrar viviendas sociales en zonas céntricas de los municipios, cerca de tiendas, servicios y transporte. A pesar de ello, estos lugares siguen teniendo una mala reputación por ser considerados peligrosos. Pero no hay nada que temer donde yo vivo.



En el último número de DIAGONAL “periódico quincenal de actualidad crítica”, al que estoy suscrito desde hace meses y al que os ánimo a suscribiros, me informan de que el 4 de febrero pasado se celebró en Zaragoza el 25 aniversario del Colectivo de Objeción y Antimilitarismo (COA).
Todo el mundo sabe que, tradicionalmente, en la educación de los hijos e hijas las madres se interesan mucho más que los padres. De igual modo, la proporción de maestras es mucho mayor que la de maestros (prefiero decir alumnero, como dice mi amigo AGH) en este gremio. Sin embargo, seguro que hay más directores que directoras de centro (¿Será porque los nombra a dedo la Consejería de Educación
Febrero y yo todavía no he sacado a pasear “mi empatía”… No puede ser.