Tocho va! A ver quién es el valiente o la valiente que llega al final. Suerte!

El curso que imparto ha prácticamente acabado hoy. Me quedan por dar las tres últimas clases, pero no será hasta dentro de cinco semanas, así que hoy tengo la sensación de que el año académico ha llegado a su fin. Quería hacer un pequeño balance de estos escasos siete meses en los que me he enfrentado por primera vez con la tarea de enseñar. La conclusión a la que he llegado es la siguiente: Puedo enseñar y tengo algo que enseñar, pero me queda mucho por aprender.

Lo que sigue son unas cuantas notas de las cuestiones mas destacadas de lo que he aprendido este curso, más para mi beneficio que para otra cosa. Quiero tener una especie de acta del curso, que me sirva de guía en septiembre de este año si se confirma, como parece bastante seguro, que volveré a impartir el mismo curso. Pero vayamos por partes.
Generalidades

Mi trabajo ha consistido en dirigir dos seminarios de una materia llamada public policy analysis ? algo así como análisis de políticas públicas. En el Reino Unido, las universidades dividen las clases en lectures y los seminarios. La lecture es muy similar a la clásica clase de la universidad española: el profesor responsable de la asignatura ?suelta el rollo?: presenta la materia, trata las ideas fundamentales, presenta a los autores más importantes, etc.  En los seminars los alumnos tienen la oportunidad de hablar y discutir sobre la materia, se hacen presentaciones y se trabaja en grupo. Cada seminario reúne a un máximo de 15 alumnos, y suele estar dirigido por un doctorando.

La materia que trata esta asignatura de análisis de políticas públicas es muy diversa. En el primer trimestre se centró en el estudio de las diferentes etapas del llamado ciclo de políticas públicas ?desde el análisis de cómo y por qué una cierta cuestión o problema entra en la agenda política de un gobierno a cómo se evalúan los resultados de esa política. También hemos analizado el rol de la opinión pública y los partidos políticos en el diseño y la implementación de las políticas públicas, y el desarrollo de ciertas tendencias en la gestión política y en la administración, como la europeización de las políticas nacionales, el impacto de la informatización y las nuevas tecnologías, la privatización de los servicios públicos, etc., etc. En fin, éste es un curso muy completo y muy bien dirigido por los dos profesores responsables de la materia. Es, en mi opinión, un curso actual y relevante.

Estructura y organización de la hora de clase

Una de las cosas más simples y más importantes que he aprendido este año es a estimar qué se puede hacer en una hora de clase. En octubre, cuando empezaba, llevaba a clase un programa extensísimo sobre lo que tratar. Nunca llegábamos a la mitad de lo que tenía preparado. Poco a poco he aprendido a jerarquizar los temas que teníamos que tratar, de manera que si no podíamos hablar de todo, por lo menos sí habíamos cubierto lo más importante.

En las últimas semanas distribuí la clase de la siguiente manera. Creo que funcionó bien:

1. Introducción de la materia: unos 10 minutos, a mi cargo. Estos 10 minutos son muy importantes. Los alumnos están receptivos, y he notado que con una buena introducción los alumnos se animan a participar. En el último mes les he entregado a cada uno un folio con preguntas cortas que deben completar rápidamente, en su mayoría destinadas a clarificar conceptos clave y ofrecer ejemplos de la ?vida real?. Estos diez minutos me gustan y han funcionado bien. Voy a mantener la distribución del folio con preguntas, pues ayuda a los alumnos a centrarse rápidamente en lo que vamos a discutir, y a asegurarme de que se marchan a casa con tres o cuatro ideas clave bien claras.

2. Presentación a cargo de un alumno: 10 minutos. Asegurarse de que los estudiantes se limitan a los 10 minutos, y que aprovechan ese tiempo para decir cosas relevantes ha sido muy trabajoso. El patrón se ha repetido toooooodas las semanas: el alumno o la alumna introduce un menú de ochocientos mil puntos que desea tratar en su presentación, y se encana a hablar. A los 10 minutos, cuando debería estar acabando, todavía no ha cubierto el primer punto y los alumnos están aburridos. Cortar a la persona que presenta me ha dado algo de reparo. La solución (sólo a medias) ha sido insistirles por email de que se aseguren de que su presentación no supera los 10 minutos y dándoles algunos consejillos, como que no presenten más 10 diapositivas de powerpoint, o información que puede serles útil, como que en inglés formal se emitir unas 100-120 palabras por minuto.

En cualquier caso, la limitación del tiempo de las presentaciones es una cuestión sobre la que tendré que hacer bastante más hincapié. La presentación por parte del alumnado debe servir para que mejoren sus habilidades de hablar en público y aprendan a presentar de manera sucinta las ideas fundamentales del tema que tratamos cada semana. Lo que se evalúa, tendré que insistir, es su comprensión de las lecturas y su capacidad de presentar el tema de una manera que favorezca el debate. Tengo que aprender a ser más asertiva a la hora de concluir sus presentaciones si ellos son incapaces de darles fin. Pero qué pena me da, después del esfuerzo que han hecho!

3. Debate: 30-35 minutos. En la siguiente media hora los alumnos tienen la posibilidad de hablar y discutir sobre el tema de la semana, poner en común lo que piensan de las lecturas que han hecho sobre el tema y aclarar dudas.

Todavía no comprendo bien por qué mientras que en algunas clases el debate ha funcionado y ha sido animado, en otras involucrar a los alumnos en la discusión y mostrarles la importancia y el interés del tema a tratar ha sido casi imposible. Sin duda tiene que ver con la materia: la semana que tratamos el incrementalismo las clases fueron difíciles. Para tener un debate sobre incrementalismo (os ahorro la explicación de qué es) hace falta que los alumnos hayan leído los artículos ? difíciles y muy académicos- sobre la materia, y que hayan pensado sobre el tema. Sin embargo, el tema de la influencia de los medios de comunicación en el diseño de políticas públicas es bastante más asequible: encontraron enseguida ejemplos relevantes que discutir, y prácticamente todos tenían una opinión formada al respecto.  Pero no tiene que ver exclusivamente con la materia. La semana que tratamos la europeización de políticas nacionales el debate en la clase de los lunes fue un desastre, mientras que fue probablemente el mejor debate de la clase de los miércoles. ¿Hago yo algo diferente que influye en que una clase funcione mejor que la otra? ¿Es algo que puedo controlar?

Lo que ha funcionado realmente bien es asignar a los alumnos una tarea que deben trabajar en grupo, incluso a pesar de que alguno ha protestado porque considera que trabajar en grupos es tratarlos como párvulos. En particular, las mejores clases han sido cuando diferentes grupos han tenido que defender o atacar alguna teoría o estudio empírico. Durante unos 15 minutos, los alumnos tienen que ponerse de acuerdo con los miembros de su grupo para darle forma a los argumentos que evalúan y critican esa teoría o conjunto de ideas. Después hay una puesta en común de las conclusiones de cada uno de los grupos. Esto permite también que las personas más tímidas participen, pues se tienen que enfrentar a tres o cuatro personas y no al grupo completo. También es útil para los temas más complejos, pues he comprobado que todos los alumnos prefieren probar sus argumentos en un grupo pequeño y discutirlos antes de ponerlos en común frente a la clase.

Hay una cosa que debo poner en práctica. Durante el tiempo en que los alumnos están debatiendo en grupo, podría escribir en la pizarra una lista los temas que cada uno de los grupos podría tratar en su argumentación, de manera que en la puesta en común se pueda hacer referencia a aquellos aspectos que se han dejado olvidados, o que no han tratado con suficiente profundidad.

Conclusión: 5 minutos, a mi cargo. En esta última parte, debo finalizar la clase recogiendo las ideas principales que han surgido en la presentación y en el debate y presentarlas de una manera organizada a modo de conclusión. Es probablemente mi punto más débil.

Ofrecer conclusiones al final de las clases me ha parecido increíblemente difícil, y sin embargo me parece crucial hacerlo bien. Una de las razones por las que me cuesta hacer esto es que, en ocasiones, no conozco bien toda la literatura sobre los temas que tratamos. Pero también es porque me parece muy difícil hacer una síntesis de la enorme cantidad de temas que salen a relucir en la discusión. Espero poder mejorar este aspecto el próximo año. Este curso me he limitado señalar los asuntos principales de cada uno de los temas semanales, repitiendo de alguna manera lo que suelo decir en la introducción. Pero para hacer una buena conclusión debería aprender a incluir algunos de los temas más importantes que salen a relucir en el debate, de manera que los alumnos vean reconocidas sus contribuciones.


Qué tipo de profesora?

Hace unas semanas, Neil, un pedagogo que trabaja para la universidad en el centro de formación del profesorado, vino a mi clase a observar su funcionamiento. Yo le solicité que viniera: quería tener a un testigo externo experto en técnicas educativas, que pudiera evaluar lo que funciona y lo que no marcha bien en la clase. Yo ya conocía a Neil de una formación a la que tuve que asistir antes de comenzar a dar clase. Es un tipo muy agudo en sus comentarios y con gran experiencia.

Vino a la clase de los miércoles, que ha sido desde el principio el grupo más difícil. El grupo ha sido difícil porque creo que no he conseguido crear un ambiente relajado, donde los alumnos sientan que pueden probar sus ideas. Creo que los alumnos se han creído muy juzgados por mí en la clase, y esto ha creado un ambiente de cierta tensión. No sé por qué ha ocurrido esto en este grupo, y no en el grupo de los lunes, con quienes me he llevado francamente bien. Pero en todo caso tengo que aprender a romper dinámicas de grupo que no son beneficiosas para la marcha del curso, incluso cuando la responsabilidad del establecimiento de estas dinámicas perjudiciales no recae exclusivamente en mí.

Neil me dijo que el crear un buen ambiente que favorezca el trabajo y sea al mismo tiempo agradable es una tarea de las tres o cuatro primeras semanas del curso. Me dijo que puedo contar con él para desarrollar alguna estrategia con este fin el próximo curso, y le tomé la palabra. En septiembre me tengo que poner en contacto con él.

Además, me dijo que debo pensar en las características que deseo que mis clases tengan, y qué tipo de profesora quiero ser. Dar clase, me dijo, es actuar conforme a un papel, como un actor. Tengo que clarificar qué tipo de papel quiero tener, para así poder actuar en consecuencia. Esto según él requiere pensar en cuatro adjetivos con los que me gustaría identificarme. A tratar de definir esto le he estado dedicando bastante tiempo, pero todavía no lo tengo claro. Así que le dedicaré más tiempo a pensar sobre ello durante el verano. En particular, me preocupa el delicado equilibrio entre ser una educadora exigente (algo que considero positivo) y ser una auténtica pesadilla.


Cuestiones de género: las alumnas

Cuando comencé las clases en septiembre no pensé que podría existir en los seminarios tanta diferencia de comportamiento entre alumnos y alumnas. Sin embargo, las diferencias se hicieron evidentes desde las primeras semanas. La mayoría de los alumnos, con regladas excepciones, son mucho más vocales, más participativos y agresivos. Se arriesgan más: sueltan incoherencias, dicen tonterías, pero tienen menos miedo a equivocarse. El resultado es que dominan los seminarios. Ellas son más reservadas, tienen más miedo al ridículo. Sus aportaciones son más fundamentadas, pero son también más escasas. En todo caso, son más cumplidoras. Simplificando, los chicos quieren ser admirados por sus conocimientos y las chicas quieren ser queridas por sus actitudes.

No me gusta esta división, pero no sé qué hacer para tratar de atajarla en mis seminarios. Creo que la universidad, tal y como está organizada, favorece la forma de trabajar de los chicos. Los seminarios, por ejemplo, son reuniones breves, donde se tocan temas diferentes cada semana, y que reúnen a alumnos y alumnas que se conocen poco (vienen de cursos diferentes). Es una organización que favorece a los chicos: se valora más el trabajo individual que el trabajo en grupo, y la destreza para confrontar ideas y defenderlas en escasos minutos. La capacidad para desarrollar un esfuerzo continuado, que es donde las mujeres superamos con creces a los hombres, no tiene lugar en este contexto. El más bocazas, que suele ser un tío, tiene ventaja aquí, mientras que la capacidad para negociar y llegar a acuerdos que satisfagan a la mayoría y eviten la confrontación, terreno de las chicas, no se favorece. El resultado es claro: hasta yo misma he notado en mis propios seminarios que es más fácil hacer funcionar un seminario con una mayoría de hombres. Hacer intervenir a las chicas es más difícil.  ¿Qué puedo hacer para cambiar, dentro de mis posibilidades, esta dinámica tan perjudicial para las alumnas?
 

La disciplina

Afortunadamente, en esta universidad no hay grandes problemas de disciplina. Los alumnos matriculados aquí son buenos estudiantes, motivados e inteligentes. Están acostumbrados a escuchar (o, al menos, hacer como que escuchan), a guardar turnos de palabra y a hablarse con respeto. Por tanto, la administración de disciplina se limita a casos concretos y a faltas leves.

A pesar de eso se han planteado este año varias situaciones que me han hecho reflexionar sobre cuál es la mejor manera de actuar. En concreto:

-          Qué hacer con los alumnos que no asisten con regularidad a clase ? a pesar de que éstas son obligatorias.

-          Qué hacer con alumnos que no asisten a clase el día de su presentación.

    -             Qué hacer con aquellos que solicitan que les acepte sus trabajos una vez superada la fecha límite de entrega.

Al principio pensé que se podían establecer reglas generales con las que tratar a todo el alumnado por igual, de manera que todos los alumnos podrían saber a qué atenerse. Tendrían que ser normas que no entrasen a valorar las causas de un cierto comportamiento, sino solamente las consecuencias. Lo bueno de esta solución es que da consistencia. Pero me he dado cuenta durante el curso que no puedo hacer eso, porque se dan situaciones diferentes que deben ser tratadas de manera distinta. Está el caso de un alumno que me deja entrever que tiene problemas de depresión y ansiedad que explicarían por qué no asistió a clase cuando debía haberlo hecho. Hay otro caso donde el alumno pareció haber decidido no asistir a clase por ahorrarse el esfuerzo, y me soltó un rollo infumable al disculparse. También está el que confesó que no se ha organizado bien el tiempo y que por eso no puede entregar su trabajo en la fecha acordada, o la alumna que me cuenta que le  han robado el ordenador portátil y que por ello necesita unos días extra para poder reescribir su trabajo. Por no hablar del que ha agarrado unos 10 o 12 resfriados, fiebres varias, intoxicaciones alimenticias, y ha asistido a 4 o 5 entierros de familiares en siete meses. Reconociendo incluso las dificultades que eso entraña, creo que no es justo tratarlos de la misma manera.

Creo que la mejor solución, que al final es la que he tomado, es actuar discrecionalmente, tratando de ser justa. El gran problema para mí es que tengo que tomar decisiones teniendo escasa información sobre cada uno de los casos que se presentan. Pero bueno, el peligro no es tanto; lo único que puede pasar es que le eche una bronca a alguien que no se la merece tanto, o que algún alumno consiga pasar el año trabajando menos que sus compañeros. Pero no es tan grave. Algunas veces me preocupo demasiado por cosas que no tienen tanta importancia.

En fin, creo que esto es todo. Vaya rollo que he soltado. En cualquier caso, creo que estos son los puntos más importantes que me gustaría tener en cuenta el curso que viene. Si alguno ha llegado al final, cualquier comentario que queráis hacer, tanto por vuestra experiencia de profesor, educador o alumno, o simplemente por vuestra experiencia de vida, será bien recibida.