Límite Quinto: Bloqueos y Cachetes

28 de Diciembre, 2009

Termino hoy lo que comencé hace 1 año y 2 días (Los Límites en la Educación). Releo lo escrito y sigo estando de acuerdo. He modificado algunas palabras de los textos escritos, para darles mayor coherencia discursiva. Ya he dicho, y lo repito, que lo único que prentendo con estos escritos es mostrar una parte de mi experiencia (no toda, claro) que considero importante en la labor educativa que llevo a cabo con mis dos hijos (Nerea y Miguel, de 4 y 3 años). Algunos aspectos de lo escrito hasta ahora puede ser desarrollado, además, con alumnos/as en clase (yo lo hago); otros no (verbigracia: el “cachete educativo”).

El bloqueo consiste en sigue …

“Mi Espe” no me estudia

19 de Septiembre, 2009

Aula que Esperanza añora
La Presidenta de la CA de Madrid, acaba de anunciar que quiere “reforzar la autoridad de los profesores” y para ello va a sacar una Ley de la Autoridad del Profesor(quedaría mejor “profesorado”, por aquello del lenguaje no sexista; pero ella está por encima de esto), que arregle las cosas que no funcionan, en lugar de apoquinar leuros, que es lo que hay que hacer.
En el Debate del Estado de la Región (en Madrid, pero a ver lo que tardan los lumbreras murcianos en sacarse de la manga una patochada igual), Aguirre anunció la mencionada ley para devolver a los profesores “la autoridad que se les ha usurpado”(1, 2, 3). Y ¿cómo lo piensa hacer? Pues, para empezar equiparando la figura legal del profesor a la de la policía. Imagino que no se referirá a la policía de Pozuelo. sigue …

Ya he dicho aquí, pero lo repetiré, que los más sano en educación es establecer normas claras y sencillas para que los niños/as las entiendan y las acepten. Pero ¿qué hacer cuando no se respetan? Una vez que se han rebasado todos los límites llegamos al último.
El “cachete”, si queremos que sirva, debe ser administrado con sumo cuidado. No se trata de golpear para hacer daño, en principio. Se trata simplemente de cortar, simbólicamente, una conducta. Si esa conducta es peligrosa, sí estaría justificado -desde mi humilde punto de vista- un buen palo en el culo o golpearle la mano (imaginemos que ha empujado a su hermana por las escaleras). sigue …

Damos premios y castigos constantemente, consciente e inconscientemente; con nuestro modo de hablar y de mirar, con nuestros gestos.
Pero como no se trata de establecer un tratado de conducta, me limitaré a decir los aspectos que considero más importantes que un educador debe saber al respecto, todos los cuales se resumen en dos que vienen a ser el mismo, pero desde diferente punto de vista: sigue …

Imaginemos que los niños/as “objetivo” (que pueden ser los de uno, o los vecinos, o unos alumnos/as) no responden al cariño y las buenas palabras (Límite Primero); que tampoco responden cuando les hablamos seriamente (Límite Segundo)… Ahora los niños/as deben saber -y se lo vamos a decir- que cuando pasan de estos límites nosotros lo pasamos mal, nos enfadamos o dejamos de quererlos (Límite Tercero).
En función de la gravedad de lo que los críos han hecho… sigue …

Tan importante como no saltarse el orden de ninguno de los límites a los que nos referimos -1: Miel y Rosas; 2: La Voz Cavernosa; 3: El Chantaje Emocional; 4: Bloqueos y Castigos varios; 5: El cachete Educativo, pasando del primero al quinto y solo cambiando de orden cuando esté justificado, es decir, tras reflexionar-, tan importante como esto, digo, es saber cambiar de un límite a otro cuando vemos que éste está agotado. Si, pongamos por caso, el niño quiere que le compres una chuche, e insiste e insiste, y no atiende a las llamadas de atención cariñosas y a las explicaciones rutinarias (Ej: Ahora no; no es el momento; no puede ser, que se te picarán las muelas, etc) ni a los desvíos de atención (¡mira que perrro más chulo!; ¡vamos a jugar a la pillá!, etc) y el niño/a berrea, no insistamos más, el límite primero ha sido sobrepasado: es el momento de pasar al segundo.
Límite Segundo: La Voz Cavernosa sigue …

Primer límite: Miel y rosas

27 de Diciembre, 2008

Si el niño/a hace algo mal, se le explica con cariño que eso no puede ser, que está mal y se le pide que arregle la situación o pida perdón, etc. Se trata de hacerles ver amablemente que aunque no está bien lo que han hecho o no era el momento o la situación, y todos estamos de acuerdo en eso, es fácil remediarlo o cambiar la conducta. Para esto es fundamental que el niño/a sepa deshacer el mal realizado, o pedir perdón, o actuar como se le pide. Así pues, las primeras veces habrá que acompañarlo, de la mano si es necesario, y mostrarle cómo hacerlo de la manera más sencilla posible.
Para que el niño aprenda a no sobrepasar este límite son fundamentales grandes dosis de cariño, lo más auténtico posible. En el caso de los profesores de centros educativos sigue …

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