Ayer estuve visitando a las viejas conocidas que os contaba en el otro post. Todo un éxito, aparecieron, aparecieron las dos, temprano y se dejaron fotografiar sin inmutarse. Ya hace años que no «sufrían» mis visitas con focos y cámaras a corta distancia, pero parecían recordarlos perfectamente. Ni se quejaron.
Sonrisas

A esta pareja de «sonrisas» y «trespuntos» los tengo grabados en vídeo bastante abundantemente, especialmente al macho («sonrisas») pero sorprendentemente apenas alguna foto. Así es que puse la cámara para tratar de retratarlo decentemente en estos ambientes de pinos derribados por la sequía de 2015 que tanto me gustan. Y resultó ser bastante más complicado de lo que me espera por culpa de la hembra.
Pueden llevar emparejados (como en este caso) varios años, pero resulta muy difícil fotografiarlos juntos, porque aunque compartan el territorio, vivan juntos, se desplacen juntos y se apareen (supongo) juntos, apenas se juntan más de 1 metro la hembra le bufa, le enseña los dientes y sale detrás haciéndolo huir. Lo de juntos pero no revueltos les viene de perlas.
Así era hace unos años cuando los grabé por primera vez (ver primer minuto del vídeo) y así sigue siendo.
¿Heteropatriarcado? – dirá él – eso es una leyenda urbana!